Arquitectura Popular

Hórreos

Toda esta región norte de la Península es sumamente húmeda, con frondosa vegetación y vientos constantes; estas causas son suficientes para comprender la necesidad de construir unos graneros que aíslen las cosechas, por una parte, del agua y que circule en este almacén el aire para que el grano seque; y por otra parte es indispensable su aislamiento del terreno, esencial para evitar no sólo la humedad, sino la voracidad de insectos, alimañas y roedores, que acabarían por echar a perder la cosecha.

Puede decirse que ya no quedan hórreos en la zona, aunque si pueden verse restos de su antigua ubicación, en Villasuso, Barriopalacio donde convivieron cuatro a la vez y Arenas de Iguña. Tenían el tejado a dos aguas y eran muy semejantes al asturiano, aunque los que existieron en el valle de Anievas eran de tipo más gallego, es decir, más estrechos, con el tejado a dos aguas y la puerta en el hastial. Se construían de madera normalmente de roble y de piedra eran las bases de los cuatro pilares donde se apoyaba la estructura de la edificación, y una pequeña losa donde los roedores no podían ascender más. En acceso al la planta superior se hacía por una escalera de piedra, que no estaba conectada directamente con la edificación ya que tenía una separación de unos cuarenta centímetros lo que imposibilitaba el acceso a los roedores, principal enemigo de las cosechas. En Liébana hay algún hórreo aún en pié con las mismas características. Estos ejemplares tienen mucho interés porque son el eslabón que enlaza los hórreos occidentales con los vasco-navarros.
 
Los hórreos solían tener en la entrada una inscripción tallada en la viga frontal que auguraba buenas cosechas. La utilización del hórreo era compartida casi siempre por dos familias en algunos casos incluso por más.
 
También era costumbre que en la noche de bodas los recién casados pasaran la primera noche en un hórreo siendo una llamada a la fertilidad del matrimonio.

Debajo de los hórreos solían quedar los ganados, para dirigirse al monte al amanecer conducidos por los pastores, en otros casos se metían debajo los carros para protegerlos de las inclemencias meteorológicas.

La vivienda de los valles

Los valles de Iguña y Anievas articulan su poblamiento a lo largo de los ejes fluviales, que actúan como auténticos corredores naturales.

Una serie de elementos distributivos, formales y constructivos se repiten en la mayor parte de las antiguas casas de la zona.

Por lo general las casas estaban todo el año muy bien aireadas debido a las deficiencias en la construcción, los suelos de madera con las tablas separadas, los huecos entre las ventanas y las paredes...
 
La mayoría de las casas estaban pareadas y tenían un portal en el centro que era utilizado por las dos casas y que daba acceso a las cuadras. Estos portales eran el lugar donde los artesanos realizaban sus trabajos y cuando llegaba la noche para poder seguir trabajando utilizaban carburos para dar luz, en ocasiones cuando hacía buen tiempo se realizaba en ellos la deshoja en vez de en el desván, las mujeres se juntaban en ellos para hacer algunas de sus labores más amenas.
 
A un lado de la casa solía situarse la “tejavana” una especie de cobertizo, en el que se guardaban los aperos de labranza, la leña y otros utensilios que se utilizaban cotidianamente, para protegerlos de las inclemencias meteorológicas.

Muy común en las casas era el desván, el cuál se utilizaba para guardar utensilios, poner a curar los chorizos, morcillas y demás productos obtenidos de la matanza, o para deshojar las panojas de maíz que solía hacerse entre varios amigos o vecinos a modo de reunión.

El sobredesván también era habitual, el cual era una especie de desván gatero no habitable, donde suele ir la “milanera” un ventanal que queda a modo de buhardilla y da acceso al tejado.

Un elemento característico de las casas de estos valles eran los balcones, que actuaban como adorno, y tenían otros usos como ser el lugar donde se extendían las nueces, avellanas, alubias... para secarse, también en ellos se tendía la ropa cuando llovía y no se podía poner en la calle, y era el lugar donde las personas mayores impedidas que no podían salir a la calle se sentaban y podían así relacionarse con los vecinos. Según el dinero que tuviera el dueño de la casa en el momento de hacer el balcón, los tornos del mismo estarían más o menos adornados, funcionando como indicador de las economías familiares.

En las casas más señoriales en lugar de los balcones aparecen grandes galerías acristaladas.

Como se ha dicho anteriormente, las cuadras se situaban pegadas a las casas, se accedía a ellas bien por la puerta que daba a la calle, o bien por una puerta que comunicaba la cuadra con la casa, por lo que es posible imaginar las malas condiciones de higiene que ello provocaba, como son los malos olores, suciedad... En las cuadras se guardaba el ganado, la hierba que se segaba en verano para dar de comer a los animales durante las épocas de mal tiempo y utensilios para el trabajo del campo como carros, carretas, aperos de labranza...
        
Aunque hoy en día estas zonas se encuentren estancadas demográficamente conservan los tipos de asentamientos y la arquitectura popular primigenia escasamente modificada, aunque algunas de las partes de las casas han sido transformadas, como es el caso de los desvanes, pajares, cuadras..., ya que la desaparición de las necesidades de utilización de esas partes hicieron que estuviesen sin usar, por lo tanto su modificación ha permitido hacer las casas más grandes dándole nueva utilización a esos espacios ya inservibles, convirtiéndolos en nuevas habitaciones, salones...
 
Un tipo de arquitectura muy particular en la zona, aunque no tanto como en el caso pasiego, son los caseríos, localizados en los montes próximos a los núcleos de población, los cuales tienen dos plantas, la parte de abajo en la cual se guarda el ganado y en algunos casos aparece un cuarto en la planta superior una pequeña cama o lecho y una chimenea.

Estos cuartos no eran utilizados a diario sino, por ejemplo, cuando alguna vaca se encontraba de parto o enferma y había que atenderla, o cuando se subía al monte con el ganado y hacía mal tiempo para no volver para casa se pasaba allí la noche hasta que este mejorase.